Me dejo mecer por el suave vaivén de tus manos que no dejan hueco sin huella.
Me arrastra una ola de vida cuando me envuelves en tus brazos y me regalas tus labios que me recorren entera.
Me siento liviana y me empapo de ti, de los olores que manan de tus rincones, del sabor de tus besos, de la calidez de tu aliento.
Todo tú sacudes mi cuerpo y mi mente y a veces me sobrepasa y se escapa por mis ojos después de inundar mi pecho y es que me vuelvo liquida en tus manos.
Me vuelvo hoja mecida por tus mareas y no queda nada de mi que no haya sucumbido a la ternura de tus caricias, al encanto de tus silencios cargados de te quieros cuando me miras.
No queda un espacio en mi alma en donde no habites.
ELI,16


